Desde que se empezó a hablar del mundial escuche a mi jefa llenarse la boca diciendo cosas como “Ahora por un mes se va a parar el país, todo el mundo pendiente de los partiditos y nada de laburar”, “Rezo para que sean tres partidos jugados, tres perdidos, así nos volvemos rápido y la gente se pone las pilas porque sino nos vamos a morir de hambre”. Obviamente, la posibilidad de que nos dejaran entrar más tarde, cuando terminara el partido, no existía, y cuando el idiota del marido (¿qué otra cosa podría tener al lado este tipo de mina más que un idiota que lo único que sabe hacer en su vida es decirle a todo que sí?) le sugirió traer un televisor para que podamos ver el partido, lo sacó recontra re cagando al grito de “no me pienso sumar a la pavada popular, si el partido es en horario laboral, lo lamento. Al final la única que labura acá soy yo”
Mis compañeros y yo vinimos a trabajar como siempre, laburamos como siempre aunque escuchando la radio pero la señora llegó a las 10:30, después de que terminó el partido, por supuesto, y sin ningún tipo de reparo ni descaro vino a hacerme comentarios sobre el resultado con una sonrisa de oreja a oreja. Estaba tan pero tan segura que iba a pasar esto...
En otros momentos hubiera tratado de disimular mi indignación y le hubiera seguido la corriente, pero la verdad es que a esta altura de mi vida, no tengo más ganas de hacerme la boluda, así que con mi mejor cara de orto me limite a responderle con monosílabos y seguir laburando, al fin y al cabo para eso me pagan.
Estoy harta de los falsos discursos, de las apariencias cool. Hubiera preferido que hubiera estado aturdiéndome con vuvuzelas desde el viernes pasado, que viniera a laburar con la cara pintada de celeste y blanco y que después del partido no viniera a trabajar y se fuera en pelotas a festejar al Obelisco. Les juro que en ese caso me hubiera quedado haciendo horas extras gratis para hacer el laburo que ella no hubiese hecho. O que siguiera con su postura y viniera acá a las 8:30 para corroborar que todos hubiésemos venido y que ni siquiera nos dejase escucharlo por radio, pero esta actitud hipócrita, no la soporto.
Es lo mismo que los que dicen “yo no tengo ningún problema con los homosexuales, por mi que hagan lo que quieran, es su vida, yo no discrimino” pero después cuando te cuentan algo de alguien, aunque no tenga absolutamente nada que ver, en el medio de su relato acotan el “si, porque es gay”.
¿Tan difícil es tener una idea o una ideología y ser coherente con ella? Creo que no ser capaz de hacer eso, además de mostrarnos ante el mundo como unos hipócritas y unos pelotudos, nos hace perdernos a nosotros mismos. ¿Cómo voy a esperar sinceridad de la gente cuando ni siquiera pueden ser sinceros con ellos mismo? Que ingenua! Me siento tan boluda a veces...
No importa si sos peronista, radical, menemista, kirchnerista, puto, tortilleta, heterosexual, católico, judío, ateo, vago, responsable, optimista, pesimista, racista, no racista, alegre o amargado, respeto tu actitud, tus decisiones y tus opiniones aunque no este de acuerdo, pero si pretendés que te respete, se coherente con ellas.