Empecé a escribir un mail que capaz mande en un mes. Digo “capaz” porque todavía no sé si lo voy a mandar. Lo empecé a escribir ahora para poder ir acomodándolo con tiempo porque aunque consta solamente de 4 renglones, la idea de mandarlo me genera tanta vergüenza y tanto miedo que me bloqueo, y no puedo escribir ni cuatro renglones. Lo empecé a escribir ahora porque tuve un segundo de valentía y creo que tenerlo encarado va a sumar un poco del lado de la balanza del “Sí, a la mierda, se lo mando”, porque el lado del “Estoy loca!!! ¿Cómo le voy a mandar un mail para invitarlo a salir?” ya pesa muchísimo.
Aunque ahora se use y esté de moda, no sé hacer estas cosas, no me sale, me siento tonta, ridícula y es tanto lo que me bloquea la vergüenza que no lo mandaría, pero si no lo mando, chau, no lo veo NUNCA más, y ahí agarro valor “total el no ya lo tengo, perdido por perdido...”, “pero ponele que me dice que sí, quedamos en vernos algún día en algún lugar, llegamos, nos vemos, beso y después? Qué le digo? Voy a haber sido yo la que lo invitó a salir, voy a tener que ser yo la que la empiece a remar. ¿Le pregunto por el laburo, por la facu, por su vida? Ayyy no, no puedo!!!”, “es tu única posibilidad, si no mandas ese mail no lo ves nunca más”, “¿pero si ni siquiera sabe quien soy?”, “El NO ya lo tenés”. Y así me sigo debatiendo y me voy a seguir debatiendo hasta dentro de un mes a ver si logro mandar un mail de cuatro renglones o me gana el cagazo y después me arrepiento toda mi vida.
Sepan comprender, no es fácil estar adentro de mi cabeza.